Abstencionismo terminal

Es cierto que hay una parte del electorado mexicano infectada de apatía democrática, a la cual no le agradan las "opciones" electorales que se nos ponen en frente. Sin embargo, ante la cercanía de las elecciones, es fundamental encontrar la forma de conectar con esa porción de potenciales votantes que, quizá sin saberlo, podrían definir el futuro de México. 

Un sector importante de electores no se siente cómodo con la situación actual del país, pero tampoco regalando su voto a "los de siempre". No les gusta sentirse sometidos a elegir entre lo que tenemos y a quienes identifican como "parte del problema" de México. Dilema absolutamente comprensible, que exige de quienes tienen una perspectiva más amplia de la situación, la capacidad de comprenderlos y el ánimo de convencerlos. La pregunta es: ¿cómo? 

Un elemento clave para el futuro de México, exige identificar la mejor forma de incentivar el voto de quienes -a semanas de la elección- sienten que no merece la pena votar. Me explico. 

La decisión del voto que para unos resulta "evidente", para muchos otros no tiene sentido. Y el reproche de los primeros a los segundos ha demostrado ser el peor método para compartir la legítima preocupación ante la posible consolidación del Régimen por un sexenio más. 

Resulta razonable la postura de quienes consideran que el voto debe otorgarse a "la oposición". Es cierto que, en gran medida, la próxima elección se traduce en dos caminos diametralmente distintos. Uno de los cuales representa un alto riesgo de que los males que aquejan a nuestro país se acentúen y alcancen cada vez a más mexicanos. 

Es innegable que el Régimen ha demostrado un desdén generalizado por los vulnerables. Pacientes sin medicamentos. Niños sin vacunas. Hospitales sin insumos necesarios. Mujeres sometidas a una vida de violencia sin salida. Inocentes asesinados por montones. Migrantes quemados. Cantidades impensables de personas en prisión sin juicio. A eso, se suma el correlativo desprecio por la libertad y las instituciones que la hacen posible. Periodistas con miedo ante los actos de intimidación que sus colegas padecen por criticar al poder. Hostilidad para quien disiente. Los famosos "otros datos". Corrupción demostrada abiertamente impune. Indiferencia frente al orden jurídico y las instituciones construidas para todos. Cercanía cómplice con el crimen organizado. Mentiras sin empacho cada mañana, con eco en radio, televisión y tecnologías de la información. 

¿Es el lado opositor al Régimen "perfecto"? Rotundamente no. Sin embargo, incluso y a pesar de algunos impresentables que se aferran a los cotos de poder partidistas, es incuestionablemente la opción menos problemática para nuestro país. Esto, pues la eventual perpetuación del Régimen nos acerca a un futuro que México no merece. 

Xóchitl Gálvez es imperfecta. Como lo será todo aquel que aspire a un cargo popular. Pero si algo distingue a la candidata de oposición de la propuesta del Régimen, es su franqueza y capacidad para decir lo que piensa; así como su sentido humano frente a sectores vulnerables, basado en la experiencia de venir de un México que a muchos sólo nos cabe en la imaginación. En síntesis: su capacidad de hablar con la verdad. 

No estoy segura de si aquellos que valoran la opción de abstenerse dimensionan la relevancia de este último punto. Si quien asuma el Gobierno de nuestro país es incapaz de conducirse con honestidad, ese México de prosperidad que pretende proyectar el Régimen seguirá existiendo en la narrativa pública, pero será impensable en el día a día de los mexicanos de "a pie". 

Es decir, las consecuencias de abstenerse las pagarán los mexicanos que no tienen tiempo o posibilidad de empaparse en los asuntos públicos, porque están ocupados subsistiendo y velando por los suyos. Aquellos que no entienden el fenómeno de la inflación, pero sí observan que día a día comprar el súper es más caro. Los que no saben qué es una política pública en materia de salud, pero se dan cuenta de que los medicamentos a los que antes accedían hoy ya no están. Quienes no comprenden de qué van los conceptos de seguridad pública, nacional e interior, pero se sienten intranquilos al salir de casa y se despiden de sus hijos con temor de no volver a verlos por la inseguridad que inunda al país. 

Yo invito a quienes se ven tentados a la abstención a que dimensionen el aspecto más relevante que distingue a los dos proyectos de nación que podemos elegir en las próximas elecciones. Uno que, con sus imperfecciones, es capaz de asumir con honestidad los retos profundos que debemos enfrentar los mexicanos. Y otro, dispuesto a perpetuar los males que aquejan a nuestra sociedad, bajo la mentira de un México que sólo existe en su narrativa política. 

Tomemos lo bueno que nos deja la autodenominada "cuarta transformación" y miremos a la cara a los mexicanos más vulnerables, que merecen un gobierno humano que los tenga en cuenta. Pero, por favor, librémonos de un Régimen que basa su popularidad en el engaño a quienes les otorgaron su confianza y en la división frente a quienes los cuestionan. 

La democracia es un lujo que a veces no se valora hasta que se pierde. Ejercer nuestra responsabilidad democrática es una obligación que nos trasciende. Nuestro voto vale mucho, no lo desperdiciemos por una apatía que, en última instancia, afectará a los más vulnerables y nos enfrentará a un futuro que México no se merece.

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